Cómo establecer los límites

Lo que necesitas para crear límites saludables.

En la entrega anterior hablamos de qué son los límites personales y por qué son importantes.

Aunque hayas pensado «tiene sentido, los límites son importantes», seguramente lo siguiente que te vendrá a la mente es:

«Y bien, ¿y cómo se establecen en la práctica?»

Los límites no tienen una respuesta correcta ni un modelo fijo que funcione para todos.

Como vimos en la entrega anterior, los límites son las fronteras que separan a uno mismo de los demás; en otras palabras, son algo necesario mantener de forma saludable nuestra identidad individual en este mundo.

Cada persona tiene una naturaleza y una personalidad distintas, por lo que los límites óptimos también varían de una persona a otra. Por lo tanto, cada uno debe descubrir cuáles son los suyos.

Lo primero que hay que hacer, pues, es conocerse a uno mismo.

Si no miramos hacia nuestro interior y no sabemos qué sentimos, qué nos parece bien y qué no, no sabremos dónde ni cómo trazar la línea que nos permita sentirnos cómodos con nosotros mismos.

En este artículo, vamos a explorar el proceso que comienza por «conocerse a uno mismo» y que nos lleva, poco a poco, a expresar los propios sentimientos hacia el exterior.

Aclara qué está bien y qué NO

El primer paso para establecer límites es tomar conciencia de cómo te sientes.

Especialmente esas pequeñas señales de malestar, como una sensación difusa de inquietud, agotamiento sutil, incomodidad o una sensación de algo que no termina de encajar... Es importante no pasar por alto esas pequeñas señales de disgusto.

Las personas con límites poco definidos suelen descartar estas sensaciones pensando: «¿Será mi imaginación?». Pero esa sensación no es tu imaginación, sino una señal de que tus límites te están diciendo: «Un momento!».

Por ejemplo, ya sea con una sola persona o con varias, ¿alguna vez has tenido una sensación como las siguientes tras una conversación «amable» con alguien?:

▫️ Por alguna razón, me quedé con una sensación de que algo no acababa de cuadrar...

▫️ Quizá hubo un momento en el que me sentí una especie de desgaste...

Si recuerdas haber tenido, aunque fuera por un instante, una sensación de irritación o de que algo te molestaba, vale la pena que reflexiones sobre ello.

Practiquemos para ser conscientes de esas señales que, hasta ahora, solíamos pasar por alto.

Y por otra parte, sería aún mejor si pudieras ser consciente de qué tipo de conversaciones o relaciones te hacían sentir mejor. Es importante que seas capaz de detectar las señales de que algo va bien, ya que esto contribuye a aumentar tu autoestima.

No pasa nada si no encuentras la respuesta de inmediato.

Lo importante es seguir practicando para prestar atención a lo que sientes.

Conoce tus propias emociones y reacciones

Una vez que empieces a ser consciente de tus propias emociones, el siguiente paso es expresar con palabras cuáles son aceptables y cuáles no lo son para ti.

Esto puede resultar más difícil de lo que parece.

Cuanto más hayas pospuesto tus propias necesidades, más probable es que hayas perdido la noción de «qué es lo que no me gusta».

En esos casos, intenta verlo desde otra perspectiva. Por ejemplo,

▫️ El otro día aquel momento me sentí incómodo. ¿Por qué sería?

▫️ Aunque pensé que no era así, lo dejé pasar sin más y no le llevé la contraria. ¿Cuándo fue eso?

▫️ ¿Qué fue lo que me provocó una chispa de la sensación de pesadez en ese instante?

Recordar los momentos del pasado en los que te sentiste «algo va mal» y descubrir el origen de esa sensación te servirá de pista para descubrir cuál es tu «no».

Y una vez que los hayas identificado, intenta expresarlo con palabras. Si lo pones por escrito, te ayudará a verlo con mayor claridad qué es lo que no te gusta. Por ejemplo, es posible que descubras cosas como las siguientes:

🔹 Me irrité en aquel momento por no ser capaz de decir nada al respecto.

🔹 Sinceramente, estoy harto de ... ... ... , pero fui yo quien lo dejó pasar.

En resumen, se trata de revelar lo que realmente piensas y los motivos que normalmente ocultas.

Al ir acumulando conocimientos sobre ti mismo de esta manera, podrás definir con claridad los contornos de tu espacio personal emocional, que debes proteger. Y es precisamente ahí donde se van formando tus límites.

A medida que vas tomando conciencia de tus verdaderos sentimientos, tu autoconocimiento se profundiza y podrás definir con claridad los contornos de tu espacio personal emocional, que debes proteger.

Y es precisamente ahí donde se van formando tus límites.

La práctica de los límites

― ― Claves para expresar propios límites hacia afuera

Una vez que tengas más claro qué es aceptable para ti y qué no, llega el momento de expresarlo hacia afuera.

Sin embargo,

«¿Cómo puedo decirlo sin crear mal rollo?»

Especialmente para las personas a las que les cuesta mucho decir «no», este paso puede parecer un pequeño reto.

Y casi siempre el freno es el mismo miedo:

«¿Y si me toman manía por negarme?»

Lo primero que quiero que tengas presente es que comunicar un «no» como parte de tus límites no significa rechazar a la otra persona ni distanciarse de ella.

En definitiva, lo importante es que la otra persona entienda que «en este asunto no puedo seguir su voluntad», por lo que conviene ingeniárselas para expresarlo.

Sin embargo, en cualquier caso, debe quedar claro que se trata de una expresión de voluntad de decir «no» de forma rotunda.

Lo que importa es cómo lo dices. Aquí van algunos consejos:

▫️Usa «yo» como sujeto

En lugar de «es que tú haces esto y no me gusta», prueba con «yo me siento así». Decirlo de esta manera hace que sea mucho más fácil que el otro lo entienda, y al menos reduce bastante la incomodidad de quien recibe el «no».

▫️No hace falta explicarlo todo

No tienes que dar una larga explicación de por qué dices que no.

«Me resulta difícil» o «ahora mismo no puedo» es suficiente en muchos casos.

▫️Empieza con cosas pequeñas

No hace falta lanzarse a un «no» enorme desde el principio.

«Hoy estoy un poco cansado/a.»

«¿Lo dejamos para otro momento?»

Con expresiones pequeñas como esta es suficiente para empezar.

Y recuerda también expresar el «sí» cuando corresponde.

Si la propuesta o la forma de comunicarse de la otra persona te han gustado, intenta transmitirselo de alguna forma. La relación se verá enriquecida.

Los límites son algo que hay que ir ajustando y construyendo con el tiempo, igual que las relaciones.

Explorar cuáles son los límites adecuados para uno mismo

Lo que viene ahora es un tema un poco más avanzado.

Una vez que seas capaz de expresar tus sentimientos a la otra persona con sinceridad y sin resistencias, es el momento de pensar en cómo encontrar el equilibrio adecuado en tus límites.

Veamos los siguientes aspectos de los límites.

Unos límites fuertes pueden resultar útiles para mantenerte firme sin dejarte influir por los demás y avanzar hacia los propios objetivos.

Sin embargo, unos límites demasiado sólidos puede acabar separándote de quienes te rodean, lo que puede llevar a un cierto aislamiento emocional y mental. Unos límites excesivamente firmes dificultan la conexión con los demás y la empatía.

Por el contrario, si los límites son demasiado difusos, es fácil dejarse llevar por la influencia del entorno y perder la perspectiva de uno mismo, hasta el punto de no saber qué es lo que se quiere, lo que dificulta vivir la propia vida.

Dicho esto, la delicadeza y la permeabilidad de los límites también son sinónimo de una gran capacidad de empatía.

Como habrás podido ver, tanto unos límites muy marcados como unos muy difusos tienen sus ventajas y sus inconvenientes.

En realidad, la firmeza de los límites no tiene por qué ser siempre la misma. De hecho, lo ideal es poder fortalecer o aflojar los límites según el momento, la situación o la persona con la que se trate, de forma flexible y según tu propia elección.

Tu personalidad, la situación en la que te encuentras ahora, cómo quieres vivir de aquí en adelante, ... ... ... .

Teniendo todo eso en cuenta, explora cuál es el nivel de firmeza de los límites que más te conviene y te sientes mejor.

La clave está en experimentar de primera mano qué intensidad de firmeza en los límites permite mantenerte centrado sin perder el hilo de quién eres en diversas situaciones, y ajustarlo en consecuencia.

Los límites son un viaje en búsqueda de tu propio ancla

Establecer límites no es algo que se haga de una vez y listo. Hay que marcarlos, ajustarlos y volver a marcarlos. Es algo que se va construyendo a partir de la experiencia. El grado de la firmeza de los límites es, por así decirlo, algo cambiante según el momento, y no existe la perfección.

Al principio, puede que no se te dé bien expresarlo, o que, después de decir «no», sientas que has «fracasado». Pero eso es normal. Y precisamente esos fracasos son el combustible para tu crecimiento personal, así que no te desanimes aunque algunas cosas no salgan del todo bien.

Ve practicando poco a poco a «valorar tus propios sentimientos». Esa acumulación de pequeños pasos se convertirá, con el tiempo, en la base de unos límites sanos para ti.

En cierto modo, encontrar el equilibrio adecuado en tus límites es también un proceso para descubrir un ancla fiable en tu interior.

Cuando los límites son sanos y funcionan bien, puedes mantener tu centro mientras te conectas con el mundo exterior, con los demás y con todo lo que te rodea. Aunque puedas reaccionar un poco ante las influencias externas o los cambios repentinos, o incluso tenga que adaptarte a los demás en ocasiones, nunca llegarás a perderte a ti mismo.

Vamos a encontrar esos límites sanos que mejor se adapten a cada uno.

En este blog, exploramos juntos, sin prisas,

sobre pequeñas claves para vivir siendo más nosotros mismos.

☺︎

«Fin»

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